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Morning Prayer

Cómo orar: curso para empezar una vida de oración · 3/5

Lección 3: Las oraciones de siempre y cómo rezarlas con el corazón

Aprende a usar el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria como escuela de oración, sin caer en la rutina.

Muchos principiantes desprecian las oraciones memorizadas porque las asocian con la rutina de la infancia. Es un error. Las oraciones tradicionales son el alfabeto de la vida espiritual: con ellas aprendemos a hablar con Dios antes de tener palabras propias. El secreto está en cómo rezarlas.

Por qué rezar con palabras prestadas

Cuando los discípulos pidieron a Jesús «enséñanos a orar», él no les dio una técnica, sino un texto: el Padre nuestro. La Iglesia ha seguido ese camino durante dos mil años. Las oraciones fijas:

  • Nos sostienen cuando no sabemos qué decir, en el duelo o en la sequedad.
  • Nos corrigen, porque piden lo que de verdad importa y no solo lo que se nos ocurre.
  • Nos unen a millones de personas que rezan lo mismo en todo el mundo.

El Padre nuestro: una oración en siete peticiones

Rezar el Padre nuestro despacio es un curso completo de oración. Prueba a detenerte en cada frase:

  • Padre nuestro: Dios es padre, y no solo mío. Rezo con todos.
  • Santificado sea tu Nombre: lo primero no soy yo, es él.
  • Venga tu reino, hágase tu voluntad: pongo mis planes en sus manos.
  • Danos hoy nuestro pan: pido lo necesario, para hoy, para todos.
  • Perdona... como nosotros perdonamos: ato mi perdón al suyo.
  • No nos dejes caer, líbranos del mal: reconozco mi fragilidad.

Un solo Padre nuestro rezado así puede durar cinco minutos y alimentar el día entero.

El Ave María: rezar con la Madre

El Ave María tiene dos partes. La primera es alabanza: repetimos las palabras del ángel y de Isabel, alegrándonos con María. La segunda es súplica: le pedimos que rece por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte». Esas dos palabras, ahora y la hora de la muerte, abarcan toda la vida.

Rezarlo despacio, pensando en una necesidad concreta cuando dices «ruega por nosotros», lo convierte en una oración muy personal.

El Gloria: terminar alabando

El Gloria es breve y a menudo se dice sin pensar. Pero es el modelo de toda oración: empezar y terminar en Dios, no en nosotros. Acostúmbrate a cerrar cada tiempo de oración con un Gloria pausado. Reorienta el corazón.

Tres técnicas contra la rutina

  1. Cambia el ritmo. Un día reza muy despacio; otro, en susurro; otro, en silencio moviendo solo los labios.
  2. Subraya una palabra. Elige antes de empezar una palabra de la oración y presta atención especial cuando llegues a ella.
  3. Reza por alguien. Dedica cada oración a una persona concreta. El Padre nuestro de hoy por tu madre; el Ave María por un amigo enfermo.

Práctica de hoy

Reza un solo Padre nuestro, pero dedica un minuto a cada una de sus siete peticiones. En cada una, di a Dios con tus palabras qué significa para ti hoy esa frase. Por ejemplo: «Danos hoy nuestro pan: Señor, hoy necesito paciencia con mi hijo y claridad en el trabajo». Termina con un Gloria lento. Anota en una libreta qué petición te costó más y por qué.

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