Oración a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo
Para adorar al Dios uno y trino y pedir que habite en nuestra vida
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Aprende a usar el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria como escuela de oración, sin caer en la rutina.
Muchos principiantes desprecian las oraciones memorizadas porque las asocian con la rutina de la infancia. Es un error. Las oraciones tradicionales son el alfabeto de la vida espiritual: con ellas aprendemos a hablar con Dios antes de tener palabras propias. El secreto está en cómo rezarlas.
Cuando los discípulos pidieron a Jesús «enséñanos a orar», él no les dio una técnica, sino un texto: el Padre nuestro. La Iglesia ha seguido ese camino durante dos mil años. Las oraciones fijas:
Rezar el Padre nuestro despacio es un curso completo de oración. Prueba a detenerte en cada frase:
Un solo Padre nuestro rezado así puede durar cinco minutos y alimentar el día entero.
El Ave María tiene dos partes. La primera es alabanza: repetimos las palabras del ángel y de Isabel, alegrándonos con María. La segunda es súplica: le pedimos que rece por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte». Esas dos palabras, ahora y la hora de la muerte, abarcan toda la vida.
Rezarlo despacio, pensando en una necesidad concreta cuando dices «ruega por nosotros», lo convierte en una oración muy personal.
El Gloria es breve y a menudo se dice sin pensar. Pero es el modelo de toda oración: empezar y terminar en Dios, no en nosotros. Acostúmbrate a cerrar cada tiempo de oración con un Gloria pausado. Reorienta el corazón.
Reza un solo Padre nuestro, pero dedica un minuto a cada una de sus siete peticiones. En cada una, di a Dios con tus palabras qué significa para ti hoy esa frase. Por ejemplo: «Danos hoy nuestro pan: Señor, hoy necesito paciencia con mi hijo y claridad en el trabajo». Termina con un Gloria lento. Anota en una libreta qué petición te costó más y por qué.
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